Hechos y datos demostrados sobre el Lockheed F-35 Lightning II

Existe una gran controversia con el Lockheed F-35, el nuevo “avión milagro” de Estados Unidos. El F-35 no es el primer “avión milagro” que se desarrolla, aunque esperemos que sea el último. Precedentes de este tipo de aviones, capaces de ser buenos en todo, son el F-4 McDonnell Douglas Phantom II y, especialmente, el General Dynamics F-111.

En este último caso, fue evidente cómo un mismo diseño no podía cubrir las necesidades, a veces muy dispares, de diferentes armas, y con diferentes objetivos. De hecho, el F-111 fue el padre del F-14 para la US Navy, al negarse esta a aceptar la versión naval del F-111, que finalmente nunca se produjo.

Con el F-35 ha ocurrido algo similar, pero agravado por una inmensa fortuna gastada en un avión que, milagrosamente, ha pasado de ser un avión de ataque con capacidades aire-aire limitadas, a un estupendo avión de combate con una magnífica superioridad aérea, e incluso un interceptor. Pero vamos con los hechos:

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El F-35 quiere sustituir a los siguientes aviones:

  • Harrier de los Marines (AV8B Harrier II), con el modelo B.
  • F/A-18C Hornet y, a medio plazo, F/A18E y F Superhornet.
  • F-16C.
  • A-10.

Recientemente se realizaron una serie de pruebas donde el A-10 se puso a prueba contra el F-35 en misiones CAS (soporte a tropas), un elemento fundamental de las llamadas guerras disimilares de hoy en día. El A-10 realiza un papel fundamental y decisivo para resolver situaciones de estancamiento de tropas en tierra, o para abrir brechas entre fuerzas enemigas.

Es evidente que el A-10 superó perfectamente al F-35, como era de esperar, y no se trata de tener los datos de dichas pruebas, sino el simple hecho de que el diseño del A-10 está adaptado perfectamente a ese papel, donde computadoras con diez millones de líneas de código se ven perfectamente superadas por un buen piloto entrenado, con una buena aviónica como la del A-10C, y realizando la tarea para la que fue creado: limpiar el terreno. Tanto es así que ya se ha dado a conocer que el A-10 va a seguir en servicio un buen número de años.

Con respecto al Harrier, o AV8B para ser más exactos, creo que el F-35 sí puede ser un buen sustituto. Lo creo hasta que veo el coste del avión, los enormes problemas que ha dado la versión B de despegue SVTOL y aterrizaje vertical, y las carencias que los sistemas adicionales provocan como merma de rendimiento con respecto a los modelos A y C. Pero, incluso así, se puede decir que entiendo que los Marines estén muy interesados en ver el F-35B ya sirviendo en sus plataformas navales.

Con respecto al F-16C, se da un caso parecido con el de los Marines. Puede que en algunos aspectos marginales el F-35A sea mejor, pero el enorme sobrecoste no acompaña a un avión que, de todos modos, supera por poco al F-16 en sus últimas variantes. Sí, el F-16 requiere de un recambio, pero el precio a pagar ha sido y es simplemente astronómico.

Otro caso increíble es del F/A-18 en sus versiones Hornet y Superhornet. La US Navy ha estado solicitando aviones suplementarios para paliar la carencia de aviones en servicio, mientras se retiran los Hornet poco a poco, y se verifica que el F-35C no llega en las cantidades pedidas, ni con la fiabilidad y estabilidad que se pide a cualquier avión naval. No es solo el tema de ser monomotor, otros aviones de la Navy han sido monomotores; es el hecho de que las particularidades de un avión naval han sido derivadas de un avión de tierra, y eso compromete siempre sus características. Por poner un ejemplo, se ha sacrificado, otra vez, el cañón en los modelos B y C. Parece ser que no se aprendió con el F-4 Phantom II que el cañón es un elemento fundamental. Retirarlo, y colocarlo en un pod de nuevo, es simplemente volver a un error que ya costó muchísimos problemas en el pasado.

Muchos halagan al F-35 por su invisibilidad y por su furtividad, y por ser un “nodo de operaciones informático” en el cielo. Entiendo ese papel en un mundo moderno dominado por las redes, y la transmisión de información, pero si se quiere tener un nodo controlador en el cielo, que obtenga información y la distribuya, un dron es suficiente. El piloto ha de estar ahí, en primera línea, para combatir, no para convertirse en un operador informático de altísimo nivel. Las guerras las ganas los soldados, no un ordenador de miles de millones de dólares.

Se ha cometido el error de pensar que la informática y la tecnología son el fin, cuando han de ser el medio. No podemos esperar de una máquina que gane guerras por sí misma. Si dejamos que las máquinas sean las que hagan la guerra, entraremos en un muy peligroso juego donde las consecuencias de una red de sistemas coordinados actúen por sí mismos, y eso es algo que todo el mundo entiende se debe evitar. La última decisión ha de estar, siempre, en un ser humano, no en una máquina.

El F-35 prefigura esa idea de que la tecnología lo puede resolver todo. Como en los años sesenta con los misiles AIM-7 Sparrow, que iban a acabar con los combates aéreos, ahora se está apostando todo a una máquina extremadamente cara y que parece más un videojuego. Y, por otro lado, otros países, que presumiblemente tengan que enfrentarse al F-35, están ya desarrollando soluciones para esa supuesta invisibilidad. A qué nivel están lo desconozco, pero la guerra nos enseña una cosa: que la ley del escudo y la espada nunca tiene un final. Tampoco lo tendrá ahora.

Si muchos advirtieron que el gasto del F-22 era una locura, se quedaron muy cortos frente al F-35. Ahora se ha dicho que el F-35 es un gran caza, pero, paradójicamente, se habla de reabrir la cadena de producción del F-22, para crear un modelo más avanzado para superioridad aérea. ¿En qué quedamos?

El F-35 ha pasado varias pruebas en distintos ejercicios, con datos nada concluyentes. Sus defensores por supuesto lo alaban. Pero la realidad se verá en cuanto se enfrente a un enemigo de su nivel. Obviamente si se trata de derribar un antiguo MiG-21 o atacar una posición sin defensas no habrá problema. Pero cuando los nuevos sistemas tierra-aire y los nuevos aviones que son sus enemigos naturales estén a punto, o incluso aviones actuales como el Su-30 o el Su-35, entonces veremos de qué está hecho este carísimo juguete. Y entonces sacaremos conclusiones, y puede que alguno tenga que lamentar lo que escribió en el pasado. Puede que yo sea uno de ellos. Pero puede que no.

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